Internacionales 28.08.25
Francia a un paso de una nueva crisis política

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Francia se prepara para otra crisis política, ya que el gobierno minoritario del primer ministro François Bayrou parece casi seguro que será derrotado, salvo milagro, en un voto de confianza parlamentaria el 8 de septiembre.
Todo ocurre en medio de profundas divisiones sobre un impopular presupuesto de austeridad de 400.000 millones de euros y un plan de reducción de la deuda.
“Lucharé con uñas y dientes”, declaró el primer ministro centrista a L’Express el martes, tras su sorpresiva decisión de solicitar una moción de confianza a los parlamentarios. No informó a sus ministros y solo lo consultó con el presidente Emmanuel Macron en sus vacaciones en la Costa Azul, quien lo ratificó el mismo martes en el primer Consejo de Ministros, tras las vacaciones de verano europeas.
Emmanuel Macron brindó su “pleno apoyo” en el Consejo de Ministros a la iniciativa de François Bayrou, según declaró el miércoles la portavoz del gobierno, Sophie Primas. Según ella, el presidente consideró que el Ejecutivo “no niega la realidad ni catastrofiza” la situación financiera de Francia y exigió “responsabilidad a los partidos que aspiran a gobernar”.
Se espera que Bayrou, de 74 años y estrecho aliado de Emmanuel Macron, pierda la votación. Los partidos de la oposición de extrema derecha e izquierda afirmaron que estarían encantados de tener la oportunidad de expulsarlo tras menos de nueve meses en el cargo.
Una rara unión de socialistas, ultraderechistas de Marine Le Pen y comunistas se unirán en un voto para un futuro que parece predestinado e inquietante.
Boris Vallaud, jefe del grupo parlamentario socialista, declaró: “Necesitamos cambiar la política y para ello necesitamos cambiar de primer ministro”.
Grave crisis política
Una derrota hundiría al país en un nuevo caos político. El presidente Macron se vería obligado a buscar un nuevo primer ministro para formar otro gobierno. Mientras tanto, el gobierno actual permanecería en funciones como una administración interina, facultada únicamente para ocuparse de asuntos rutinarios.
La apuesta de Bayrou —que implica que Macron convoque una sesión especial del Parlamento el 8 de septiembre para el voto de confianza en su gobierno— ha generado temores de caos político. No ha pasado un año después de que el anterior gobierno de Michel Barnier cayera por desacuerdos presupuestarios, tras solo tres meses en el poder.
La bolsa de París se desplomó, las acciones de los bancos franceses también y los costos de financiación del país subieron el martes ante la inquietud de los inversores.
A ello se suma el “confinamiento”. El 10 de septiembre comenzará un movimiento de protesta sui generis contra los recortes presupuestarios propuestos por Bayrou. Misterioso, creció en las redes sociales y no tiene líderes. Pueden sumarse posibles huelgas y manifestaciones sindicales, independientemente de si Bayrou se ve obligado a dimitir. A Francia le esperan días muy difíciles e imprevisibles.
El póker de Bayrou
Bayrou no se cansa. Pregona la necesidad de la austeridad, convencido y con la experiencia de un viejo político. El alcalde de Pau y profesor de literatura asistió el martes a una reunión del sindicato CFDT, el más importante y moderado. Allí instó a los partidos políticos franceses a reflexionar detenidamente sobre la votación. Señaló que tenían 13 días para “decir si están del lado del caos o de la responsabilidad”.
Bayrou afirmó: “¿Existe o no una emergencia nacional para reequilibrar las cuentas, para escapar del endeudamiento excesivo optando por reducir nuestros déficits y producir más? Esa es la pregunta central”.
En lo que se consideró un llamamiento de última hora a la izquierda, afirmó estar dispuesto a exigir un “esfuerzo específico” a las personas con mayor poder adquisitivo. Fue después de que sus propuestas presupuestarias fueran ampliamente criticadas por afectar a las personas pobres y a los jubilados, con un impacto menor en los muy ricos.
Si el primer ministro cae…
Si Bayrou es destituido, Macron se vería arrastrado a una turbulencia nacional, en un momento internacional crucial para él, ya que se posiciona para desempeñar un papel en Ucrania y el reconocimiento de un Estado palestino.
En el sistema político francés, el presidente, que es jefe de Estado y tiene autoridad en política exterior y seguridad nacional, nombra directamente a un primer ministro como jefe de gobierno para gestionar los asuntos internos.
Macron podría nombrar rápidamente a un nuevo primer ministro, pero este también podría correr el riesgo de ser destituido por el presupuesto. Una fuente cercana a la líder de extrema derecha Marine Le Pen dijo que era difícil imaginar cómo un nuevo primer ministro podría escapar de ser alcanzado por una moción de censura.
El riesgo del FMI
Bayrou se ha convertido en un inesperado defensor de la rectitud fiscal en una economía donde las finanzas públicas vuelven a estar en el punto de mira de los vigilantes de los bonos. El riesgo es que Francia deba recurrir al FMI si no consigue este ahorro en su deuda pública, que financia sus gastos hace décadas.
La decisión de Bayrou de convocar una moción de confianza a su frágil gobierno el próximo mes ha disparado la prima de los préstamos franceses a su nivel más alto desde abril. Las acciones francesas del CAC 40 fueron el índice de mayor rendimiento de Europa el martes, con una caída de más del 1,5 %.
Bayrou, centrista del interior de Francia, ha desafiado las probabilidades al continuar con su gobierno interino durante ocho meses. Durante ese tiempo, se ha ganado el respaldo tácito de los acreedores extranjeros de Francia por sus decididos esfuerzos para reducir el creciente déficit presupuestario.
El ajuste a la francesa
Bayrou ha firmado planes de austeridad que reducirían drásticamente el déficit presupuestario —la diferencia entre lo que el gobierno ingresa en impuestos y gasta— del 5,8 % del PIB al 5,4% este año, al 4,6 % el próximo y, finalmente, al 3 % establecido por la Unión Europea para 2029.
Los costos de endeudamiento de Francia se habían estabilizado después de que Bayrou apoyara los planes para reducir el número de días festivos, congelar los umbrales del impuesto sobre la renta y limitar el aumento de la seguridad social y las pensiones.
Pero si su gobierno cae el 8 de septiembre, el presidente Macron deberá encontrar otro defensor de la austeridad que pueda convencer a los mercados financieros de que Francia puede controlar algunas de las peores dinámicas de deuda y crecimiento de la Unión Europea.
La causa inmediata del más reciente problema fiscal del país se produjo el año pasado, cuando se descubrió que el déficit presupuestario había superado sistemáticamente las estimaciones y se acercaba al 6 % del PIB.
La humillación sufrida por el partido centrista de Macron en las elecciones parlamentarias anticipadas celebradas poco después, sumada a un crecimiento crónicamente débil desde la pandemia, ha vuelto a poner en peligro las finanzas públicas francesas.
Al final del primer trimestre, el país tenía la tercera mayor deuda de la eurozona, después de Grecia e Italia, con un 114 % del PIB. El déficit presupuestario de Francia es el más alto de la zona de la moneda única, según cifras de Eurostat.
Olivier Blanchard, ex economista jefe francés del FMI, afirmó que una “explosión de deuda” sería “catastrófica” para una economía que no ha registrado superávit presupuestario desde 1974.
Francia tiene una de las cargas fiscales y de gasto más altas de la UE. El problema del Estado no es la recaudación de ingresos, sino la gran cantidad de gasto público ineficiente e improductivo. Las decisiones sobre dónde recortar se están volviendo políticamente insostenibles para los débiles gobiernos minoritarios, cuestionados tanto por la derecha como por la izquierda.
“Dado el tamaño del Estado y el nivel de impuestos, el ajuste debe provenir en gran medida de reducciones del gasto”, afirmó Blanchard.
El FMI ha advertido que se necesitan “acciones decisivas y decisiones difíciles” para evitar que el déficit presupuestario supere el 6 % del PIB en los próximos años.
“La dinámica de la deuda se ha debilitado significativamente tras los sucesivos deslices fiscales de 2023 y 2024. El compromiso de Francia de llevar a cabo una mayor consolidación fiscal, conforme a las normas de la UE, representa un importante factor atenuante”, declaró el FMI en mayo.
El plan para frenar los barcos, en riesgo
Los planes de la policía francesa para interceptar embarcaciones de migrantes en el mar que viajan de Francia a Reino Unido por el canal de la Mancha por primera vez están en peligro, debido al posible colapso del gobierno francés.
El gabinete francés acordó en junio cambiar la interpretación del derecho marítimo para permitir que la policía fronteriza, los gendarmes y los guardacostas intercepten embarcaciones de migrantes a menos de 300 metros de la costa.
Funcionarios del gobierno británico elogiaron la medida como un punto de inflexión en sus esfuerzos por combatir las travesías en embarcaciones pequeñas, que han alcanzado un récord de 28.947 en lo que va de año, más del 50 % más que en esta misma época del año pasado.
El Ministerio del Interior francés había anunciado que implementaría el cambio legislativo “este verano”.
Sin embargo, en un duro golpe a los esfuerzos del primer ministro británico Keir Starmer por controlar la crisis de las embarcaciones pequeñas, la reinterpretación del derecho marítimo francés podría verse amenazada por una inminente moción de censura, que el gobierno francés parece estar a punto de perder.
La amenaza al acuerdo entre Francia y Gran Bretaña se produce cuando el populista británico y líder de Reform, Nigel Farage, reveló planes para deportar a 600.000 inmigrantes ilegales durante los primeros cinco años de un gobierno reformista en el Reino Unido, incluyendo mujeres y niños.
Clarín